¿La Última Fantástica?

En el terreno de la música sinfónica Japón y Venezuela comparten experiencias.  En un gigantesco esfuerzo colectivo, la nación nipona construyó un universo sinfónico autosuficiente, colmando el espacio privilegiado de la gran música de concierto en las modernas urbes reconstruídas de la posguerra. Al mismo tiempo que sus fábricas de alta precisión en metalmecánica, sus tradiciones de alta artesanía y perfecta construcción en madera reproducían todos los instrumentos sinfónicos europeos, un selecto grupo de grandes profesores diseñaba un sistema educativo que colocaría al Japón en la cima de la historia del sinfonismo, sin perder las características de su cultura ni el aliento prodigioso de sus ancestros.  Hideo Saito, mentor del gran Seiji Ozawa, fundó la escuela Toho Gakuen en 1948 para iniciar un movimiento sinfónico juvenil; once años más tarde Ozawa conquistaba el gran premio de dirección de Besançon, imponiendo un estilo radicalmente diferente, saturado de energía: una relectura de los clásicos desde la concentración vital de la cultura que inventó las artes marciales más refinadas. Casi una década más tarde, en 1968, al mando de la prodigiosa Filarmónica de Nueva York, Ozawa estrenaba el doble concierto para dos instrumentos tradicionales, Biwa y Shakuhachi, y Orquesta, de Toru Takemitsu, uno de los compositores más importantes del siglo XX, creador de las misteriosas bandas sonoras de las películas de Kurosawa.  Ozawa y Takemitsu, formando una llave lograron imponer el estilo y la compleja estética nipona, universalizándolas a través del espacio sinfónico, cuyo potencial como medio de fusión cultural es ilimitado.  En 1984, para conmemorar los diez años del fallecimiento del maestro Saito, Ozawa fundó la orquesta Saito Kinen,  un conglomerado de profesores y solistas que eventualmente formó el núcleo de un gran festival anual particularmente dedicado a interpretar la música de Takemitsu tras su fallecimiento en 1996. La Saito Kinen fué en días recientes la invitada de honor del festival “Japan-New York City” cuyo desarrollo accidentado fué noticia en toda la prensa neoyorquina. El Maestro Ozawa, ya curado del cáncer que lo alejó por largos meses del podio pero debilitado por otras dolencias tuvo que suspender varios ensayos generales e incluso partes de sus actuaciones. Se sintieron ominosos aires, se rumoraba la despedida final del maestro. Tuve la suerte de escucharlo dirigir la semana pasada una segunda parte en el Carnegie Hall,  La Sinfonía Fantástica de Berlioz, corcel que tantas veces cabalgó desde su triunfo francés en 1959. Todo salió mejor que perfecto. La flauta mágica de Jacques Zoon (el número 1 mundial, sin duda); el corno sublime, impecablemente vocal de Radek Baborák; el clarinete voluptuoso de Ricardo Morales; solistas inmaculados, tan importantes en esta obra,  articulaban un discurso de fabulosos coloridos sobre una orquesta impecable. La despedida de un coloso. Triste quizás, pero en la puerta del Carnegie Hall me espera una grata sorpresa; de pronto alguien me saluda efusivamente: el talentoso director venezolano Diego Matheuz, próximo invitado especial de Ozawa para la gira de la Saito Kinen en Agosto 2011 por Japón y China. No son casualidades, Japón y Venezuela, como les venía diciendo, comparten experiencias.

(Diciembre 2010)

Acerca de pauldesenne

Composer / Writer
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s