MONDO EXOTICA

Lo más divertido de recomendar libros es imaginar las acrobacias que deben ejecutar los bibliófilos acorralados en el desierto de las divisas para conseguir los impresos foráneos. Los libros sobre música se clasifican en dos categorías: los ilegibles fárragos técnicos y los fluidos estudios apasionados. Me inclino por la segunda clase, sabiendo además que Lacan demostró que las fórmulas matemáticas no existen sin su expresión en lenguaje corriente. Un libro: “Mondo Exotica: suoni, visioni e manie della Generazione Cocktail” de Francesco Adinolfi (Italiano: Einaudi; Inglés: Duke University Press). En este fabuloso compendio de información sobre el gran viraje cultural de los años 50 y 60, cuando entre caricaturas de exoticismo fué naciendo una estética de lo postizo, de lo fabricado en estudios de alta fidelidad, Adinolfi explica, clasifica, resucita las pasiones de una era que buscaba una sola cosa: diversión. Exoticismo es ante todo huir de la rutina, y las complejas raíces de este movimiento, como bien las revela este estudio, se encuentran en el siglo 19: Bizet, Rimsky, Debussy y luego Ravel en la fase liminar del siglo 20; pero esas fronteras de exploración orientalistas o ibéricas estallaron finalmente cuando Hollywood, gran creador y consumidor de partituras orquestales decidió operar un viraje hacia lo incaico, lo caribeño o lo africano. Al principio todo fue caricatura, pero del crisol incómodo de la promiscuidad hollywoodiana surgieron lenguajes que se revalorizarían cuarenta años más tarde, por razones muy diversas: la Princesa incaica Ima Sumak y su orquestador Moisés Vivanco (1954); Juan García Esquivel, mago de las mezclas insólitas; Pérez Prado y los reyes del Mambo o Ray Conniff, quien decía: “trompetas y voces de chicas hacen buena pareja”. Algunos descartarán este universo por incluir frívolos como Xavier Cugat y su chihuahua o Mancini y su Pantera Rosa, pero Adinolfi logra hilar muy fino y revelar la importancia de este “Mondo Exotica” con mucha erudición, sobre todo cuando conecta la trama musical con la cinematográfica, partiendo del big-bang estético que fue “La Dolce Vita” de Fellini, cinta que pone el coctel cultural en la cima de la elegancia. El libro es la historia de una intromisión indispensable: lo extra-musical en la creación sonora; un gran relato de como la moda, las tendencias volátiles del momento, los caprichos, buscan creadores capaces de expresar su ligereza, su fragilidad o su levedad instantánea y fugaz. El Space-Age Pop, el Spy-Jazz, el Lounge Music o música para apartamento de soltero, el estilo hawaïano, el vudú; de toda esta vulgarización de lenguajes entremezclados surge un taller cultural, un laboratorio de ideas que cobran valor cuando se convierten en objetos enajenados por la distancia del observador. Ya no escuchamos esa música en primera persona; la estudiamos como se aprecia un postizo, como nos reímos de un antifaz en carnaval. A través de este proceso complejo de escucha inteligente llegamos a una problemática medular que caracteriza lo exótico en relación a lo europeo, que opone lo popular a lo culto, lo vulgar a lo refinado. Pocas veces se ven textos manejando tanta información, discografía, filmografía, datos y chismes biográficos cruciales sin perder al lector. La música es ante todo un universo de Ideas.

(Agosto 2010)

 

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