Alarma Sonará

El vino siempre sabe mejor en las catas comparadas, cuando el enólogo que nos guía abunda en descripciones que conectan nuestros sentidos con la historia de los suelos, de las bodegas, de la gastronomía particular. A tal punto que resulta sumamente aburrido descorchar sin conocer, tragar sin saborear la complejidad ni entender el contexto cultural de un vino. Ocurre lo mismo con la música, hasta en los géneros que parecen desprovistos de tradición académica, y quizás aún más en éstos. Hace dos años escuché al grupo “Alarm Will Sound” en la universidad de Duke en EEUU, en un programa titulado “1969”, año de gran cosecha musical en todos los frentes, incluyendo el de Viet-Nam, de donde salió el blues de ametralladora de Hendrix y la inspiración para diversas rebeldías que se reflejarían en el pentagrama de compositores de nueva música. El joven ensamble de Nueva York descorchó varias botellas sublimes que habían madurado desde el verano de Woodstock: una versión abreviada de la revolucionaria “Sinfonía” de Luciano Berio (1968) con textos de Levi-Strauss y de Beckett, recitados entre fragmentos de una música muy extraña (más o menos como si hoy hiciéramos un rap demente con textos de Briceño Guerrero y Cadenas); intercaladas entre las otras obras tocaron y cantaron (todos tocan, recitan y cantan magníficamente, especialmente la hermosísima concertino-soprano) fragmentos de la Misa de Leonard Bernstein, estrenada en 1971 pero seguramente compuesta al final de la década de los 60, con textos antibélicos en latín y versos de Paul Simon, a cuyo estreno en Washington no asistió el presidente Nixon por ser obra de un artista (homosexual) de izquierda. También presentaron el célebre Hymnen, de Karlheinz Stockhausen, un collage de himnos nacionales que resaltan la estrechez mental del nacionalismo, revelando la “himnorancia” en que se basan naciones y ejércitos. Stockhausen, compositor alemán esencial de la posguerra, especializado en música electrónica planeó una cita con los Beatles en Nueva York en el 69 para un concierto de vanguardia en plena época del Álbum Blanco, pero nunca se vieron. De ese frustrado encuentro, cuarenta años más tarde, nace este interesantísimo programa “1969”, cuya pieza maestra, para orquesta de cámara y ejecutantes-cantantes es la versión en vivo de “Revolution 9”, el tema más enigmático de toda la producción de los Beatles, arreglado aquí por Matt Marks y John Orfe. Este tour de force es sin duda una de las cosas más sorprendentes que haya escuchado en concierto contemporáneo alguno. El famoso collage de música concreta creado por Lennon y su novia japonesa siguiendo la línea de Stockhausen creó en su tiempo un vaso comunicante entre la más ríspida e impopular vanguardia y el pop más vendido de todos los tiempos. Su realización en concierto, sin audio pre-grabado, sonido por sonido y grito por grito, revela una obra maestra del siglo XX. Obviamente lo avasallante de “Revolution 9” en vivo está en la transposición magistral, en el virtuosismo descomunal; pero entender a Lennon en este contexto, junto a Berio, Bernstein y su gurú electrónico alemán es fruto de la presentación de un enólogo experto en aquellas grandes botellas del último verano de la década de las revoluciones: Alarm Will Sound.

 

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