CAJA DE RESONANCIA

(Diciembre 2011) La semana pasada tuve la gran suerte de tocar el primer concierto de cámara que se ofrece en el Nuevo Teatro Municipal de Chacao, en su mes inaugural, con mi amigo Arnaldo Pizzolante. Los intérpretes tenemos pocas oportunidades de expresar las impresiones que nos dejan las salas de concierto desde la peculiar perspectiva del que las hace sonar. La sala es una prolongación del instrumento; el manejo del tiempo de resonancia es un factor esencial de la expresión que no se estudia en los conservatorios. La acústica es el lienzo donde se pinta el concierto: el tipo de eco que percibimos al tocar, largo, corto o nulo, orienta la modulación del sonido y ajusta el ritmo de las réplicas entre músicos. Con la experiencia vamos acumulando un catálogo de defectos de los auditorios, más que de virtudes; el carácter más común es el de la sala parca, insensible al esfuerzo perdido en tratar de crear dinámicas, donde es imposible saber si lo que suena es hermoso o chato; uno se consuela suponiendo que el trabajo de prestigiosos ingenieros acústicos se justifica en las butacas: aquí en el escenario sufrimos pero por lo menos allá escuchan algo. Nada de esto en el extraordinario nuevo salón de música que ha demostrado ser el Teatro Municipal de Chacao. Puedo asegurar que jamás me había sentido tan cómodo con el retorno de lo que tocábamos, al punto de sospechar que podía tratarse de algún tipo de amplificación secreta muy sutil. La sospecha se disipó cuando Alejandro Blanco Uribe, director artístico de la sala con interesantísimos proyectos para desarrollarla me aseguró que los parlantes del sistema digital de última generación aún no se han utilizado. Esa comodidad deliciosa en el escenario es un factor de calidad garantizada en lo musical. Los reportes desde las butacas, en este recital de cello y piano con la música de August Nölck, compositor alemán romántico-tardío que tuvimos el honor de redescubrir con un nutrido público, fueron excelentes. Durante las pruebas el destacado musicólogo y pianista Eduardo Plaza, Coordinador de Música del teatro, recorría toda la sala con aires de gran satisfacción: “de lo alto del balcón al pié del escenario se escucha perfecto todo”. La sonrisa cómplice de Gunnilla Alvarez, gerente técnica, no era meramente por la felicidad de estar al mando de la tramoya de un nuevo teatro, sino del mejor. No sé si estaban más felices por la música muy grata y variada de Nölck o por lo bien que se escuchaba el balance de piano y cello, dificilísimo de equilibrar. Todo en este magnífico espacio refleja la excelencia, la experiencia, el amor por la música y el teatro de un equipo humano altamente calificado, estrechamente vinculado a los grandes precursores de la cultura en Venezuela. Me atrevería a decir que los equipos al mando de una nave son más importantes que la nave misma, mantienen el curso y garantizan la travesía. Este es el también el nuevo teatro de la Orquesta Juvenil de Chacao, gran crisol de talentos, guiada por Florentino Mendoza. La presidenta de la Fundación Cultural Chacao Diana López, anuncia que el teatro será la sede principal del renacimiento del Festival Internacional de Teatro en marzo. Las mejores iniciativas del municipio y de toda la ciudad sedienta de espacios de calidad tienen una de las mejores cajas de resonancia que haya conocido.

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