El Camino

El rapto ocasionado por los mundos paralelos, los universos virtuales de las pantallitas, se fundamenta en la capacidad que tenemos de construir situaciones imaginadas que pueden ser tan concretas como topografías de lugares o abstractas como juegos de palabras o de roles. Esa misma inteligencia, que imaginamos tan reciente como la explosión del iPhone, es la que le permitió al ser humano prehistórico desarrollar el arte de la música, que no es otra cosa que un gigantesco universo virtual cuyos extremos son tan concretos como un latido de corazón o abstractos como la transformación de una idea temática, de un flujo de sensaciones. Un célebre ejemplo de esta toma de posesión del universo virtual por la música son los célebres “Songlines” de los Aborígenes australianos, cantos por medio de los cuales confeccionan mapas mentales de los caminos que atraviesan el continente. Para efectuar largos viajes, encontrar los puntos de agua en el desierto, reconocer los sitios sagrados y los sitios de cacería los aborígenes cantan las canciones de cada recorrido mientras caminan. La memoria teje el universo de líneas que configura su territorio “mitologizado”, atrapado en una estructura musical, verso y melodía. Siempre se le buscan cinco patas al gato cuando se habla de la relación entre la música y ese otro gran universo virtual que es la matemática; se confunde analogía estructural con consubstancialidad. Partiendo de ese error en el siglo XX se inauguraron ramales de ingeniería musical que en su afán de ser tan abstractos como la matemática pura no pudieron ser sino indigestos. La abstracción musical no es una operación de cálculo matemático efectuada por el oído, es la asignación de valores a fenómenos sonoros reconocibles y sobre ellos la construcción de una teoría de juego viable, transitable, disfrutable, con los sonidos. Lo que se abrió en el siglo XX con el análisis estructural de los fenómenos culturales fue la comprensión de los mecanismos de funcionamiento de los diversos sistemas musicales, es decir de los innumerables universos virtuales dentro de los cuales la humanidad se ha sumergido para estar efectivamente en el “más allá”. Entonando una sola nota ya el ser humano plantea la abstracción musical, un universo paralelo dentro del cual construye, proyecta, imagina: un escenario donde se tejen relaciones entre personajes caracterizados por giros o texturas; un teatro donde los afectos y los humores ya clasificados pueden interactuar o donde un héroe, el Tema, vive una aventura que lo transforma. La música, que comenzó siendo un mapa cantado de los caminos australianos o la descripción que hace el brujo de su encuentro con los espíritus en el más allá de las alucinaciones, se despoja del texto sin perder la estructura diacrítica de un lenguaje. El disfrute de las altas formas musicales, desde la música clásica Yoruba hasta la música clásica de la India, el sinfonismo vienés o las fugas de Bach, pasando por la música de los Pigmeos Ba Benzelé o las polifonías Mongo del Congo, no es otra cosa que el goce de esa prodigiosa facultad que tiene la mente humana de construir aventuras en cuatro dimensiones. El tiempo, dimensión principal del espacio musical, es el recipiente de la esperanza, de la transformación, alegoría superior y perfecta del camino que transitamos en la vida.

Enero 24, 2013

Anuncios

Acerca de pauldesenne

Composer / Writer
Esta entrada fue publicada en Uncategorized. Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s